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En Marruecos, la tierra no espera a que las nubes se apiaden de sus montañas. Ubicado en medio del desierto y ante uno de los periodos más secos de su historia reciente, años de lluvia escasa y veranos que parecían eternos en su sequedad, el gobierno decidió dar un paso de gigante
Se trata de mo quedarse a mirar el cielo, sino mirar al mar. Porque el Atlántico no se seca, y ahí está la salmuera esperando ser transformada en vida líquida. Te contamos cómo logró transfomar el desierto en un oasis.
Sin esperar a la lluvia en pleno desierto, decidieron bombear agua del mar y convertirla en agua potable
Hoy, el país ya opera 17 plantas desalinizadoras de agua de mar que la convierten en agua potable. Ubicadas en pleno desierto son capaces de producir cientos de millones de metros cúbicos al año para abastecer ciudades, pueblos y zonas agrícolas. Desde Casablanca hasta el sur, estas instalaciones se sienten casi como pulmones mecánicos que respiran vida donde las presas dejan de llenar sus vasos.
Pero Marruecos no se conforma. Cuatro plantas más están en construcción, con una capacidad anual combinada que seguirá aumentando, y el plan contempla construir alrededor de nueve adicionales hacia 2030, en un programa ambicioso que busca movilizar en total 1,7 mil millones de metros cúbicos por año en medio del desierto.
El país que desafió al desierto
La sequía prolongada, que en algunos informes se ha descrito como un periodo de hasta siete años con lluvias muy por debajo de lo normal, ha convertido a Marruecos en una de las naciones más activas del norte de África en tecnologías hídricas. El agua tradicional, almacenada en presas y acuíferos, ya no era suficiente para sostener el crecimiento urbano, el riego de cultivos o la demanda de una población que sigue aumentando.
La tecnología de la desalinización se ha revelado como una solución crucial a la escasez de agua en Marruecos. Para 2030, se espera que el 50 por ciento del suministro de agua potable del país proceda de la desalinización. El agua de lluvia se dedicará a la agricultura y el regadío.
Por eso, transformar agua de mar en agua para beber y cultivar se volvió una pieza clave de su soberanía hídrica. Las nuevas plantas no solo amplían la cantidad de agua disponible, sino que también se diseñan con un enfoque sostenible. Todas las nuevas instalaciones serán alimentadas por energías renovables, reduciendo el peso ambiental de un proceso que tradicionalmente consume mucha energía. |