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No está a la vista como los cerros, los lagos de agua cristalina o el chocolate artesanal. La mayoría del millón de turistas que la visitan por año no conoce su existencia. Pero Bariloche tiene uno de los basurales a cielo abierto más contaminantes del mundo. Una bomba medioambiental que lleva más de cuatro décadas y que en 2026 vuelve a dividir a la política municipal.
Un ranking elaborado por la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA, por sus siglas en inglés) ubicó al vertedero de Bariloche entre los 50 más peligrosos del mundo. Ese dato estadístico resume una problemática que la política, más de una decena de intendencias, no logra encauzar.
Los vecinos de los barrios linderos coinciden: la situación no da para más. Están cansados de esa vida junto a médanos de bolsas de nylon, incendios frecuentes, nubes de humo tóxico, olor a podrido, bandadas de gaviotas que comen y llenan el aire de ruido, roedores y perros callejeros que se pelean por algún resto de comida.
"La situación actual del vertedero no cumple con ninguna de las medidas de ingeniería ambiental y sanitarias que están indicadas para la disposición final de residuos sólidos urbanos", explica a Clarín el ingeniero ambiental, y residente de Bariloche, Ignacio Sagardoy.
Los 50 peores basurales del mundo
Fuente: D-Waste Atlas (2014) | Infografía: CLARÍN
Los orígenes del basural
La historia del basural es una historia de acumulación de basura. La redundancia explica la falta de planificación. A comienzos de la década del ochenta, las obras de la famosa Ruta Nacional 40 demandaban grandes cantidades de ripio.
El gobierno de facto del intendente Osmar Héctor Barberis autorizó la construcción de una enorme cantera para extraer el material de asfaltado. Esa cantera comenzó a ser rellenada con basura. Los vecinos iban y tiraban. Por entonces, la zona era puro descampado y las autoridades no le veían proyección urbana. Pero la explosión del turismo y el crecimiento de la ciudad contradijeron los pronósticos. Hoy, el basural ocupa 37 hectáreas y está rodeado por más de diez barrios.
"Seguir enterrando basura en el Siglo XXI es un sinsentido. Y, te diría, un crimen. El problema es la solución. La basura no existe. No tenemos que tener más vertederos. Hay tecnología de sobra para reconvertir eso que llamamos basura en materiales reutilizables. La solución es pasar a una economía circular donde el descarte sea reutilizado", opina Iván Espeche, vocero de la Fundación Impacta y embajador de Basura Cero.
Está ubicado en la ladera sur del Cerro Otto, en una zona donde el agua de lluvia escurre hacia el Lago Gutiérrez y el Arroyo Ñireco. Sin barreras de contención, los líquidos contaminantes pueden filtrarse en el suelo y alcanzar napas y cursos de agua. Esto lo vuelve especialmente riesgoso en una región donde esas fuentes son clave para el abastecimiento humano.
En 2024, residentes del Hospital Zonal Dr. Ramón Carrillo elaboraron un informe, en base a su práctica diaria, sobre las afecciones que se registran entre los vecinos de los barrios cercanos al basural. Enfermedades gastrointestinales, problemas respiratorios y afecciones en la piel son las complicaciones más observadas. También se reportan irritación en ojos y vías respiratorias, dolores de cabeza y de pecho. A esto se suman cuadros infecciosos asociados a la exposición sostenida a residuos.
"Vivir cerca del basural es acostumbrarse a vivir con dolor de cabeza. Acostumbrarse a las moscas y los olores. Por más que cierres bien las ventanas, el humo siempre entra", relata Romina, que tiene su casa a veinte metros del basural.
Un tema que divide a la política local
El intendente Walter Cortés heredó un problema de décadas. Incluso la oposición reconoce que la actual gestión no figura entre los principales exclusivos del asunto. Es imposible que alguien resuelva en dos años lo que viene sucediendo hace casi cincuenta.
Ahora bien, lo que un amplio sector de la oposición le cuestiona al gobierno es lo que, esas mismas voces críticas, definen como “patear el problema hacia adelante”.
"Si bien todos somos responsables, porque todos generamos basura, la responsabilidad de gestionar esa basura es del Estado. Estamos en una situación de colapso. Se necesitan acciones inmediatas que no están llegando por parte de los que hoy gobiernan", asevera Julieta Wallace, concejal de Bariloche por el Bloque IB.
A fines de marzo de 2026, en el Concejo Deliberante de Bariloche tuvo lugar un debate intenso, una sesión plagada de acusaciones cruzadas. El oficialismo presentó un pliego para licitar por diez años un nuevo relleno sanitario del basural.
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