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La Red de Manejo de Incendios Rurales plantea un cambio de enfoque en la prevención de incendios en entornos rurales y forestales: incorporar el fuego de manera planificada mediante la quema prescripta. El planteo parte de una advertencia central: la supresión total del fuego, aplicada durante décadas como política de manejo, puede generar un “déficit de fuego” que acumula combustible vegetal y, con el tiempo, favorece incendios incontrolables.
La ecología moderna ubica al fuego como un componente de la dinámica natural de numerosos paisajes. En Argentina, la Red menciona que ecosistemas como los pastizales pampeanos, el palmar de yatay y los bosques secos evolucionaron históricamente junto al fuego. En esa lectura, la extinción sistemática de cualquier foco ígneo deja hojarasca, ramas y pastos secos disponibles para arder “bajo las peores condiciones climáticas”, al convertir el material vegetal acumulado en una reserva de combustible.
El respaldo cuantitativo que se presenta proviene de un metaanálisis internacional que evaluó tres décadas de datos científicos. Ese trabajo concluyó que la aplicación de quemas prescriptas —solas o combinadas con el raleo de árboles— reduce entre 62 por ciento y 72 por ciento la severidad de incendios posteriores. El mecanismo señalado es la eliminación controlada del material combustible fino superficial, con el objetivo de evitar que un fuego fortuito escale y se convierta en un incendio de copas.
La quema prescripta se define como una disciplina técnica planificada y no como una acción improvisada. La práctica consiste en aplicar fuego sobre una superficie delimitada, dentro de una ventana meteorológica óptima, con rangos específicos de humedad, temperatura y viento, y con personal capacitado. Para anticipar el comportamiento del fuego se recurre a herramientas como el Fire Weather Index (FWI), un índice técnico utilizado para calcular condiciones de propagación y asegurar una quema de baja intensidad, orientada a limpiar sotobosque o pastizal envejecido sin dañar la estructura de los árboles ni el suelo.
En el país se citan antecedentes respaldados por investigadores del Conicet y universidades nacionales. Ensayos en plantaciones forestales de Misiones, Neuquén, Chubut y Santiago del Estero mostraron que las quemas prescriptas reducen combustibles finos entre 24 por ciento y 71 por ciento, con foco en la protección económica de inversiones forestales de largo plazo. También se mencionan programas en la Reserva Campos del Tuyú, en Buenos Aires, y el Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos, donde las quemas en parches se asociaron a prevención de siniestros extremos, restauración de biodiversidad nativa, control de especies invasoras y mejora del forraje para fauna y ganado.
“El combustible que no se quema de forma controlada hoy, es la leña de un incendio catastrófico mañana”, dijo el Dr. Diego Broz, FCF UNaM – Conicet. “La diferencia entre quemar y quemar bien es lo que nos separa de tragedias históricas como la de Puerto Madryn en 1994”, dijo el Dr. Guillermo Defosse, UNPSJB.
La Red sostiene que el desafío no pasa por “expulsar de forma imposible el fuego” de estos ambientes, sino por aprender a convivir con él mediante políticas públicas y gestión privada integrales que habiliten y promuevan las quemas prescriptas para resguardar infraestructura, economías regionales, cuencas de agua potable y vidas humanas. |