|
Desde el inicio de la actual gestión de Fernando Rambaldi hasta julio de 2026, los tres componentes que determinan el costo del servicio de agua en La Calera se dispararon muy por encima de la inflación.
El agua mayorista que provee Colón Punilla S.A. aumentó un 2.272 por ciento; la electricidad, indispensable para bombear en una ciudad serrana, subió un 753 por ciento en su cargo fijo y más de un 1.000 por ciento en su primer escalón; y los salarios de los trabajadores municipales, en el marco de un plan de recuperación de ingresos, crecieron un 485 por ciento. En el mismo período, la inflación acumulada en la Argentina fue del 319 por ciento.
Aún así, la tarifa de agua para los vecinos de La Calera aumentó un 293 por ciento, a pesar de haber tenido incremento de costos decenas de veces mayores. La diferencia la absorbió el municipio y lo hizo mientras ejecutaba una de las mayores inversiones en infraestructura hídrica de la historia de la ciudad.
Un plan que empezó con un diagnóstico
El Plan Hídrico Integral (PHI) es una decisión del intendente Rambaldi, que se tradujo en la creación de la Secretaría de Agua y Saneamiento y en una inversión hasta comienzos de 2026 de más de $ 2.000 millones.
El diagnóstico venía de antes de asumir. La ciudad no sólo se quedaba sin agua cuando faltaba el recurso, sino incluso cuando había suministro desde la planta potabilizadora. Esto se debía a roturas permanentes y a la falta de presión en las cañerías por la falta de inversión en los últimos años.
Lo que se hizo bajo tierra
El plan incluyó la limpieza y reparación de las cisternas de la ciudad. Algunas acumulaban hasta un metro de barro en su interior, con la consiguiente pérdida de capacidad de reserva y deterioro en la calidad de agua.
La Calera cuenta con 34 estaciones de bombeo, el corazón del sistema en una ciudad de sierras. 20 de ellas fueron reparadas de manera integral, con bombas nuevas, tableros de control, sistemas hidráulicos y control de energía reactiva.
También trabajaron sobre la red con un criterio técnico: primero las grandes pérdidas y después las micropérdidas, que individualmente parecen menores pero en conjunto significaban un enorme volumen de agua que se iba.
En paralelo, avanzan con el reemplazo de las tuberías principales de asbesto cemento y se corrigieron obras ejecutadas con materiales de baja calidad, como la red del Plan Semilla y la tubería de abasecimiento a la cisterna baja de La Deseada, entre otras.
Antes de hormigonar la avenida Simón Bolívar, se reemplazaron las cañerías que quedarían debajo del nuevo pavimento en las zonas donde los trabajos conllevan riesgo de rotura, junto con la totalidad de las conexiones domiciliarias. Los caños retirados tenían más de 50 años de antigüedad promedio.
Finalmente, la estación elevadora de La Otra Banda (EB3), que impulsa la cloaca máxima hasta la planta de tratamiento, carecía de la maquinaria necesaria y desbordaba de manera permanente sobre el río Suquía. El municipio invirtió más de $ 250 millones, instaló equipamiento nuevo y amplió la potencia eléctrica de la planta, permitiendo que ya no se vuelcan líquidos cloacales al cauce.
Medir para cuidar
El Plan Hídrico Integral incorporó una política sostenida de medición: 4.000 medidores nuevos con tecnología para convertirse en inteligentes, más cientos recuperados que estaban instalados pero fuera del padrón, tapados o en mal estado.
La Calera incorporó una flota propia de 20 vehículos 0 km para fortalecer los servicios municipales, con maquinaria y unidades destinadas especialmente al área de Agua y Saneamiento y a la atención de emergencias en los barrios.
La Calera incorporó una flota propia de 20 vehículos 0 km para fortalecer los servicios municipales, con maquinaria y unidades destinadas especialmente al área de Agua y Saneamiento y a la atención de emergencias en los barrios. (Municipalidad de La Calera)
Los que estaban en condiciones fueron reparados y actualizados con llaves de paso, válvulas anti retorno y expulsoras de aire. La meta en ésta etapa es alcanzar el 50 por ciento de las cuentas con medidor, unas 7.500 conexiones.
Como resultado, La Calera consume hoy entre un 10 por ciento y un 15 por ciento menos de agua que antes, gracias a la reparación de pérdidas y al cobro por consumo real. En los barrios cerrados, donde se destinaban grandes volúmenes a riego y renovación de piletas, el consumo bajó en promedio un 20 por ciento.
La política de cobrabilidad se aplicó con el mismo criterio en toda la ciudad: los casos más conocidos terminaron con distintas denuncias penales a vecinos de barrios cerrados, abiertos y empresas por conexiones clandestinas y/o adulteradas de agua potable y cloacas.
Herramientas propias
La ciudad incorporó un parque automotor propio de 20 vehículos 0km, con unidades utilizadas específicamente por el área de agua: retropala, minicargadora, camión para materiales, una Trafic para el traslado de operarios y un camión hidrante para asistir a los barrios ante cualquier contingencia.
Comprar en lugar de alquilar maquinaria liberó millones de pesos por mes que volvieron a la ciudad en forma de obras. |