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Al caminar por las impecables calles de Tokio, muchos visitantes se sienten desconcertados al notar la falta de papeleras para deshacerse de sus residuos. Esta situación ha sido objeto de numerosos videos y comentarios en redes sociales, ya que Japón es reconocido mundialmente por la limpieza de sus espacios públicos. Sin embargo, la razón detrás de esta dificultad para encontrar donde tirar basura va mucho más allá de lo aparente.
Según Eiko Maruko Siniawer, experta en historia y autora del libro “Residuos: el consumo en el Japón de la posguerra”, la limpieza japonesa es el resultado de una mezcla de eventos históricos, fenómenos económicos y políticos que han moldeado el comportamiento de su población. Un punto de inflexión clave se produjo en marzo de 1995, con el ataque de la secta Aum Shinrikyo que liberó gas sarín en el metro de Tokio, lo que llevó a las autoridades a eliminar o restringir los tachos de basura como una medida de seguridad.
A lo largo de los años, sucesos como los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos han contribuido a que esta política se mantenga. No obstante, a pesar de los cambios en la percepción de seguridad, la escasez de cestos de basura no puede ser explicada únicamente por un deseo de protección, sino que también responde a cuestiones prácticas y económicas.
Desde principios de la década del 2000, diversos municipios han optado por reducir la cantidad de papeleras en espacios públicos para incentivar a los ciudadanos a llevarse su basura a casa. En el caso de Kioto, la cantidad de cestos disminuyó más de la mitad a partir de 2011, luego de que el uso inapropiado de estos y la acumulación de residuos generaran altos costos de mantenimiento.
Sin embargo, la notable limpieza de Japón no es solamente el resultado de su cultura. Las políticas públicas han sido determinantes; durante años, se han implementado campañas educativas, de limpieza y diseños ambientales que desalientan el desecho irresponsable de basura. Aya Yoshida, del Instituto Nacional de Estudios Ambientales de Japón, destaca que los municipios han promovido activamente estas iniciativas.
Las normas sociales, como el concepto de meiwaku —que se centra en no causar molestias a los demás— también juegan un papel crucial en la conducta de los ciudadanos. Además, la costumbre de no comer mientras se camina contribuye a que se genere menos basura en las calles.
Los turistas, al contrario, experimentan la ciudad de otra manera; suelen pasar largos períodos explorando y adquiriendo snacks, lo que lleva a que se encuentren cargados de desechos sin una clara opción para desecharlos. Junko Yokoo, guías turísticas en Japón, menciona cómo los visitantes inicialmente pueden frustrarse por la escasez de papeleras, aunque rápidamente aprenden a adaptarse y adoptar la mentalidad de llevarse su basura.
A pesar de que muchos creen que los cestos han desaparecido del todo, en realidad siguen existiendo en lugares específicos, como estaciones de tren, que cuentan con papeleras controladas para evitar el mal uso. Recientemente, se ha llevado a cabo una prueba piloto en la estación Shinjuku de Tokio, donde se están probando robots papeleras móviles destinados a recoger residuos de manera efectiva. Hasta que estas innovaciones sean una solución común, los visitantes deberán adaptarse y seguir el ejemplo de los nipones, llevándose su basura hasta que encuentren un lugar adecuado para desecharla. |