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Patagonia Nexo 10-03-2026 La tensión geopolítica en Medio Oriente volvió a sacudir a los mercados energéticos globales y ya tiene impacto en el abastecimiento de gas que Argentina necesita asegurar para el invierno. El conflicto en la región impulsó un fuerte aumento en los precios del Gas Natural Licuado (GNL), un combustible del que el país continúa dependiendo durante los meses de mayor consumo.
En pocas semanas, el indicador TTF de Europa, referencia clave para las compras argentinas, registró una suba cercana al 70 por ciento entre el 24 de febrero y el 6 de marzo, en un contexto marcado por la incertidumbre en el comercio energético mundial.
Uno de los factores que explica esta volatilidad es el virtual cierre del Estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por donde circula cerca del 20 por ciento del petróleo y gas que se comercializa en el mundo. La situación afectó particularmente a Qatar, uno de los principales exportadores de GNL, y generó preocupación en los mercados internacionales.
Un cambio clave en la política energética
El escenario se vuelve aún más sensible para Argentina porque este será el primer invierno en dos décadas en el que la importación de GNL no estará a cargo de la empresa estatal Enarsa.
A través del Decreto 49/2026, el Gobierno avanzó con un proceso de desregulación que establece que un “agregador-comercializador” privado será el encargado de comprar los cargamentos de gas en el mercado internacional, además de gestionar la logística y el financiamiento de los buques regasificadores.
De esta manera, los riesgos financieros y de mercado que antes asumía el Estado pasarán ahora al sector privado.
Especialistas del sector señalan que este nuevo operador deberá cerrar contratos de compra durante marzo y abril, meses en los que todavía es imposible prever cómo evolucionarán los precios internacionales cuando llegue el pico de demanda en junio y julio.
Un mercado con alta incertidumbre
El principal desafío radica en que el operador deberá comprar el gas con meses de anticipación, mientras que la venta al mercado local se concretará recién en invierno. Si los precios internacionales continúan en alza, podría generarse una ganancia extraordinaria, pero si caen, el operador enfrentaría fuertes pérdidas financieras.
A esto se suma otro riesgo: el precio de compra queda fijado en el momento de la contratación internacional, mientras que las tarifas internas no siempre se ajustan con la misma velocidad, lo que podría generar tensiones en la operatoria.
Para evitar problemas de abastecimiento, la Secretaría de Energía incluyó una “cláusula de seguridad” que permite al Estado intervenir y comprar volúmenes adicionales si el suministro se ve comprometido.
El peso de las importaciones en invierno
A pesar del crecimiento de la producción local, especialmente en Vaca Muerta, Argentina todavía necesita recurrir al mercado internacional de GNL para cubrir los picos de consumo durante los meses más fríos.
En 2024, el país importó 30 cargamentos de GNL por unos 672 millones de dólares, con un precio promedio de 10,7 dólares por MMBTU.
En 2025, se adjudicaron 27 buques, pero el costo total trepó a cerca de 740 millones de dólares, con valores que oscilaron entre 12,5 y 13,6 dólares por MMBTU.
Si bien la puesta en marcha de nuevas obras de infraestructura —como el gasoducto Perito Moreno— permitió reducir parte de la dependencia externa, el país todavía necesita importaciones para atravesar los períodos de mayor demanda.
Con el nuevo esquema, el operador privado debutará en un mercado internacional altamente volátil, donde los precios podrían volver a niveles elevados como ocurrió en 2022 tras la invasión de Rusia a Ucrania, cuando el GNL llegó a cotizar hasta 28,8 dólares por MMBTU.
Así, el próximo invierno pondrá a prueba el nuevo modelo de importación energética del país, en un contexto global marcado por la incertidumbre y las tensiones geopolíticas. |
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