| |
El Zonda 23-07-2026 El costo de la energía que afrontan las grandes industrias argentinas marcó en junio un récord histórico. Según un informe de Estudios Energéticos elaborado con datos de Cammesa, el abastecimiento eléctrico para grandes usuarios alcanzó USD 189 por MWh, el nivel mensual más alto de la serie iniciada en 1996.
El registro supera incluso los picos observados en momentos de crisis energética, como ocurrió en 2022 tras la guerra en Ucrania. Para el sector manufacturero, la factura energética dejó de ser un componente más de la estructura de costos y pasó a operar como un límite directo sobre la competitividad.
El relevamiento de Estudios Energéticos ubica a junio de 2026 como un punto extremo dentro de una serie de tres décadas. El salto refleja el encarecimiento del abastecimiento eléctrico para los grandes usuarios industriales, que compran energía sin subsidios y reciben de manera directa el impacto de las variaciones en el costo de generación.
Detrás de ese valor aparece una decisión política vinculada a la desregulación del mercado energético. El Gobierno intentó desplazar a Enarsa y Cammesa de la importación de Gas Natural Licuado (GNL) para dejar esa operatoria en manos de privados, pero la estrategia terminó enfrentando las condiciones del mercado internacional.
Como informó LPO en abril, las ofertas de grandes comercializadoras para abastecer el invierno rondaban los USD 1.200 millones, casi el doble de los costos históricos que afrontaban las empresas estatales. La suba internacional derivada de la guerra en Medio Oriente y las demoras en infraestructura local, entre ellas la reversión del Gasoducto Norte, empujaron los precios al alza.
Ante ese escenario, Economía intervino la licitación cuando quedó claro que trasladar esos valores podía disparar las tarifas industriales y comprometer el abastecimiento. El retroceso fue parcial: Enarsa y Cammesa conservaron la importación del combustible, pero el mayor costo fue descargado en buena medida sobre los grandes usuarios industriales.
La consecuencia fue inmediata. Varias fábricas quedaron obligadas a pagar el precio del GNL importado en los meses de mayor demanda, aun cuando Argentina atraviesa un récord de producción en Vaca Muerta. La secretaria de Energía, María Tettamanti, relativizó las críticas empresarias al sostener que "si algún sector industrial está complicado en esta transición económica, no es culpa de la energía".
El diagnóstico de las empresas, sin embargo, apunta en sentido contrario. La falta de gasoductos suficientes obliga a reemplazar producción local de menor costo por importaciones más caras, en una paradoja que deja al entramado productivo pagando energía como si el país no contara con gas en volúmenes históricos.
Las señales de tensión se acumularon durante todo el año. Más de 500 industrias redujeron o detuvieron líneas de producción antes que convalidar los precios durante los picos invernales. La Cámara de la Industria Aceitera (CIARA) también cuestionó la falta de transparencia en las compras de gas y advirtió sobre sobrecostos de USD 1,66 por millón de BTU por cambios de último momento en los pliegos de adquisición.
Semanas antes, el propio Gobierno había rechazado cargamentos de GNL por considerarlos caros y terminó comprando gas a valores 47 por ciento superiores para evitar cortes masivos. "En un gobierno peronista una crisis de abastecimiento energético para el entramado productivo hubiera sido motivo de cadena nacional. Hoy no hubo ni siquiera un berrinche de la UIA en un comunicado", resumió con ironía un analista del sector. |
|