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La Nueva Provincia 19-10-2026 El agua que permitirá convertir gas natural en fertilizantes saldrá de la rÃa bahiense.
Para abastecer sus procesos industriales, la megaplanta de urea de Pampa EnergÃa incorporará un sistema de desalinización que evitará sumar esa demanda a las fuentes de agua dulce utilizadas por la ciudad.
Lejos de constituir un servicio accesorio, el tratamiento del recurso integra el diseño del complejo.
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La fabricación de amonÃaco y urea requiere agua para enfriamiento y para generar vapor, con calidades diferentes según el circuito. Además, parte del suministro deberá alcanzar una pureza muy superior a la necesaria para otros usos industriales.
Según confirmó la compañÃa, la solución elegida permitirá obtener esa agua de alta pureza a partir del estuario. El esquema forma parte de Fértil Pampa, una inversión estimada en 2.700 millones de dólares que tendrá capacidad para producir unos 2,1 millones de toneladas anuales de urea granulada.
En materia hÃdrica, la captación utilizará las instalaciones de la Central Térmica Piedra Buena, también perteneciente a Pampa, que actualmente toman agua de la rÃa para los condensadores de sus unidades generadoras.
El proyecto aprovechará asà una toma existente, en lugar de construir una estructura independiente sobre el estuario.
Tres conductos de hormigón armado, de 2,8 metros de diámetro, integran ese sistema de aducción. El diseño contempla incorporar cuatro bombas para derivar el recurso hacia el complejo de fertilizantes, con instalaciones que permitan preservar la continuidad operativa de la central eléctrica.
La revisión ambiental publicada por la Corporación Financiera Internacional señala que las necesidades de la planta podrán atenderse dentro de la capacidad de extracción ya autorizada para Piedra Buena.
También indica que el proyecto obtuvo un certificado de prefactibilidad hÃdrica.
Una vez captada, el agua atravesará varias etapas antes de ingresar a los procesos productivos. El tratamiento combinará clarifloculación, separación mediante equipos de lamelas, flotación por aire disuelto, ultrafiltración y ósmosis inversa.
Cada operación cumple una función en la remoción de sólidos, partÃculas e impurezas.
Dentro de esa secuencia, la ósmosis inversa permitirá separar las sales disueltas mediante membranas por las que se hace pasar el agua a presión.
El resultado será un recurso acondicionado para los requerimientos de la instalación, con tratamientos adicionales donde se necesite mayor pureza.
De esa cadena saldrán dos suministros diferenciados: agua desalinizada para los sistemas de enfriamiento y agua desmineralizada para alimentar las calderas. Esta última permitirá producir vapor de alta presión, necesario para el funcionamiento de los equipos y las operaciones quÃmicas del establecimiento.
Como parte de los estudios ambientales, la documentación también describe campañas de muestreo del agua del estuario realizadas entre abril y mayo de 2025.
Esas mediciones permiten establecer condiciones previas al emprendimiento y contar con referencias para el seguimiento de la calidad del recurso.
El circuito tiene, además, una salida que exige especial atención: la corriente de rechazo con mayor concentración de sales. La gestión de esa salmuera y de los restantes efluentes industriales constituye uno de los puntos centrales de la evaluación ambiental.
Sobre ese aspecto, la Corporación Financiera Internacional advierte que la modelación inicial de la descarga mostró posibles efectos sobre la salinidad y las comunidades acuáticas. Por eso se evaluaron modificaciones, entre ellas la reubicación del punto de vuelco y alternativas para reducir el consumo de agua y las cargas salinas.
En tal sentido, abastecerse del estuario, supone también controlar cómo retorna a él el recurso utilizado.
Para BahÃa Blanca, la elección de una fuente diferente remite a un antecedente conocido.
A fines de los años noventa, la ampliación del polo petroquÃmico colocó la provisión de agua entre las condiciones necesarias para acompañar las inversiones. |
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